Eres conocido, comprendido y amado

¿Cuándo fue la última vez que realmente meditaste en el amor de Dios por ti?
¿Cuándo fue la última vez que experimentar Su amor te dio paz, te fortaleció o te llenó de seguridad?
El Salmo 139 es probablemente uno de los pasajes más reconfortantes y hermosos de todas las Escrituras.
«Señor, tú miras hasta el fondo de mi corazón y sabes todo de mí: sabes si me siento o si me levanto y, desde mucho antes, conoces mis pensamientos. Sabes si estoy afuera o en casa; estás al tanto de todo lo que hago. La palabra aún no ha llegado a mis labios, y ya tú sabes todo lo que voy a decir.»
Dios conoce hasta tus más pequeños pensamientos, tus dudas, tus temores y tus debilidades.
Él sabe exactamente lo que sucede dentro de ti y, aun así, te ama con un amor infinito.
Más adelante, en el salmo, David se pregunta: ¿Adónde podría huir? ¿A las profundidades? ¿A los confines del mar? ¿A las tinieblas?
Deliberadamente, David agota todas las posibilidades y cada vez llega a la misma conclusión:
No existe ningún lugar, ninguna circunstancia ni ningún estado en el que puedas escapar de la mirada de Dios.
En otras palabras, ni lo que sucede dentro de ti ni lo que ocurre a tu alrededor podrá impedir que Su mano te guíe y te sostenga.
Y David va todavía más lejos:
«Cuando aún era informe, tus ojos me veían; en tu libro ya estaban escritos todos los días que habías destinado para mí, aunque todavía no existía ninguno de ellos.»
Antes de que vivieras cada uno de tus días, Dios ya los conocía.
Ninguno de tus días, ya sea bueno o difícil, pasa desapercibido ante Sus ojos.
Frente a un futuro incierto, Él te hace una promesa: estar a tu lado, guiarte y sostenerte todos los días de tu vida.
¡Qué seguridad tan grande!
Hoy te animo a tomar unos minutos para leer el Salmo 139 y meditar en esta verdad:
Eres conocido por Dios.
Eres comprendido por Dios.
Eres amado por Dios.
Y eres sostenido por Dios.